Miércoles, septiembre 20, 2017
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OIT: El trabajo de las mujeres en la industria de la maquila

Las transformaciones experimentadas en la última década por la industria latinoamericana han producido cambios significativos en la magnitud y en la estructura del empleo generado por el sector(1).

El proceso de concentración industrial y el aumento de las empresas procesadoras de recursos naturales han incrementado la importancia relativa de las plantas intensivas en capital, en desmedro de las intensivas en mano de obra. La reestructuración del aparato productivo en ramas industriales intensivas en mano de obra (como calzado, vestuario, textiles, etc.) también se ha traducido en una reducción de la demanda por personal. Este efecto se ha visto acentuado como consecuencia del proceso de desverticalización productiva y la consecuente subcontratación de terceros (proveedores de partes, componentes y servicios), así como el aumento de los componentes importados. El resultado es una mayor productividad de la mano de obra y una fuerte reducción de la capacidad de absorción de empleo por el sector industrial. Esta situación incide en las oportunidades de empleo tanto de hombres como de mujeres; no obstante, la forma en que el impacto se traduce entre ellos y ellas es distinto, como se verá a continuación

 

  • La presencia de las mujeres en la industria no es irrelevante

 

A pesar de la segmentación ocupacional de género que persiste en el mercado de trabajo, confinando la gran mayoría de las mujeres a las ocupaciones menos valoradas de los sectores comercio y servicios, su presencia en la industria en América Latina no es irrelevante. En el contexto de los procesos de globalización y ajuste estructural, particularmente a partir de la diseminación de la industria maquiladora (primeramente en México y después en el Caribe y Centroamérica), ganan visibilidad fenómenos importantes de feminización de la fuerza de trabajo en algunos sectores industriales y agroindustriales (Benería, 1993; Valdéz, 1991). Ese fenómeno, así como los procesos de “masculinización” de la fuerza de trabajo que se vienen identificando más recientemente en algunos sectores de industria maquiladora (especialmente en México) reafirman la importancia de estudiar el trabajo femenino y las relaciones de género en el sector industrial, ya sea bajo su forma más visible (en las empresas grandes y formales, las “cabezas” de las cadenas productivas) o en sus formas muchas veces invisibles (en los diversos eslabones de las cadenas de subcontratación, que con frecuencia llegan hasta el trabajo industrial a domicilio).

Los datos de la CEPAL relativos a 12 países de América Latina (CEPAL, 1998), indican que, a mediados de los años 90, la participación de la mano de obra femenina en el total de la fuerza de trabajo industrial oscilaba entre un mínimo de 23% en Argentina y un máximo de 43,8% en Honduras. En cinco de esos países esa cifra variaba entre 23 y 30% (Argentina, Brasil, Venezuela, Chile e Panamá); en cuatro de ellos estaba entre 30 e 35% (México, Uruguay, Bolivia e Costa Rica), e nos últimos dos era superior a 40% (Colombia e Honduras) (ver Cuadro 7 ).

Además, si se compara los años 80 con los 90, se puede verificar que la participación de las mujeres en el total del empleo industrial aumentó en la mayoría de los países considerados (Colombia, Venezuela, México, Bolivia, Brasil, Costa Rica y Honduras), se mantuvo prácticamente igual en dos de ellos (Chile y Uruguay) y se redujo en sólo dos (Panamá y Argentina) (cuadro 10).

Eso podría estar indicando un proceso de feminización de la fuerza de trabajo industrial en 7 de los 11 países considerados y de masculinización en 3 de ellos. En Honduras, Colombia, Brasil y Bolivia, otro indicador que estaría apuntando en el mismo sentido sería la disminución del diferencial en la proporción entre hombres y mujeres empleados/as en la industria en el mismo período(2).

Cuadro 7

Participación femenina en el total del empleo industrial, América Latina,
11 países (comparación entre el comienzo de los 80/mediados de los 90)

PORCENTAJES

ENTRE 23% Y 30%

Argentina

Brasil

Venezuela

Chile

Panamá

23

27

27

28

29

ENTRE 30% Y 35%

México

Uruguay

Bolivia

Costa Rica

31

36

36

36

MAS DE 40%

Colombia

Honduras

40

44

 

* Elaboración OIT a partir de los datos del Panorama Social 1997 (CEPAL)

 Cuadro 8

Participación femenina en el total del empleo industrial, América Latina, 11 países (comparación entre comienzo de los 80/mediados de los 90)

PAÍS

COMIENZOS DE LOS 80

MEDIADOS DE LOS 90

VARIACIÓN

Cono Sur

Argentina

27

23

Disminución

Brasil

24

27

Aumento

Chile

28

28

Sin alteración

Uruguay

36

36

Sin alteración

Región Andina

Bolivia

32

36

Aumento

Colombia

37

40

Aumento

Venezuela

26

27

Aumento

Centroamérica y México

Costa Rica

33

36

Aumento

Honduras

41

44

Aumento

Panamá

34

29

Disminución

México

27

31

Aumento

Fuente: Panorama Social CEPAL, 1997.

El caso de Honduras es especialmente digno de notar por varios motivos: en primer lugar, como ya se señaló, porque se trata del país en el cual la participación femenina en la fuerza de trabajo industrial es la más elevada (43,8%); en segundo lugar, porque es el único de los países considerados en que actualmente el porcentaje de mujeres empleadas en ese sector es superior al porcentaje de hombres (28,3% vs. 23,6%); en tercer lugar, porque la expansión del empleo femenino en el sector muestra un gran dinamismo (10 puntos porcentuales en 6 años), bastante superior al dinamismo presentado por el empleo industrial en su conjunto (6,5 puntos porcentuales). Esos datos seguramente están relacionados con la expansión de la industria maquiladora en ese país, lo que indica que realidades similares podrían ser encontradas en otros países de Centroamérica y del Caribe. En la sección siguiente se analiza brevemente la situación de la industria de la maquila y su evolución e importancia desde una perspectiva de género.

2. La industria de la maquila:su importancia en la generación de empleo femenino (3)

El proceso de apertura de las economías, junto con la existencia de tratados como el de la Cuenca del Caribe, han facilitado el incremento de la inversión extranjera directa en zonas de libre comercio. Este fenómeno ha implicado una ampliación en las actividades productivas para la exportación, que, en las décadas pasadas, estaban preferentemente localizadas en actividades agrícolas, tales como el banano, el algodón, el azúcar y el café. Las nuevas actividades productivas de la última década se relacionan con la maquila textil en primer lugar, y, muy recientemente, con la maquila electrónica (Costa Rica).

El empleo generado en la industria de la maquila centroamericana alcanza a aproximadamente 300.000 puestos de trabajo, mayoritariamente ocupados por mujeres, en porcentajes que fluctúan entre 70% y 87%. La tendencia para el próximo bienio es hacia la ampliación de la producción en la maquila textil; se preve también la mantención de una importante dínámica de creación de empleo, en especial para las mujeres.

Cuadro 9

Istmo centroamericano y República Dominicana: Características principales de las empresas maquiladoras (1995-marzo 1999)

PAISES

No de empresas 

1995 1999

No de trabajadores (as) 

1995 1999

% de mujeres 

 

1995 1999(1)

% de la maquila que es textil

1995 1996

Años de escolaridad de trabajadores

1995 1999

República Dominicana

469 —

165.571 —–

60 —–

65% —–

6 —

Guatemala

250 320

54.000 80.000

80 80

80% 95%

5 6

Honduras

155 215

61.162 110.923

78 71.4

95% —–

6 6

El Salvador

208 213

50.000 69.000

78 87

69% 72%

5 +9

Nicaragua

18 19

7.533 16.000

80 80

89% 90%

—- 6

Costa Rica

250 —

50.000 —-

65 —–

70% ——

5 —–

Panamá

6 9

1.200 1.312

95 —–

100% 78%

11 —–

Para Honduras, datos de 1997.

Fuente:Cordero, 1999.

En el cuadro 9 se observa que el número de empresas aumenta en todos los países, siendo Honduras y Guatemala los que experimentan los mayores incrementos. Lo mismo ocurre con el número de empleos, los que casi se duplican entre 1995 y 1999 en los países en los que se cuenta con la información.

Otras estimaciones indican que la participación femenina en el empleo se mantiene a niveles muy altos, aumentando significativamente en El Salvador. También aumenta el número de sindicatos, pero el número de trabajadores sindicalizados aún es bajo. Los salarios son reducidos, con leve tendencia a aumentar (fluctúan entre US$48 y US$ 200), y los niveles educacionales de los trabajadores son bajos (primaria incompleta o completa). La mayoría de las empresas se dedican a la actividad textil, siendo Costa Rica, El Salvador y República Dominicana los que muestran cierta diversificación (Cordero, 1999).

En general, el empleo generado por la maquila es de baja calidad y poco estable, lo que se explica,por una parte, por la no observancia de los derechos laborales básicos en muchas empresas y, por otra, por la alta rotación de la mano de obra, que se explica por la existencia de mano de obra femenina dispuesta a trabajar en condiciones precarias, entre otros factores (Fernández y Quinteros, 1999; Cordero,1999).

Las exigencias de una mayor competitividad internacional han incidido en una tendencia hacia la flexibilización de las relaciones laborales. La consecuencia de este fenómeno ha sido la introducción de cambios en los sistemas de organización del trabajo, muchas veces a través de la externalización de costos y responsabilidades a otras unidades productivas. Esta situación se observa en la maquila: se contrata a empresarios locales que realizan los procesos productivos, los que, a su vez, contratan a mujeres que realizan el trabajo en sus propias casas o en locales en pésimas condiciones habilitados para tal efecto (maquila domiciliaria). La empresa transnacional contrata empresas locales para producir parte de los bienes, por ejemplo, la confección de prendas que ya vienen cortadas. Estos contratos tienen exigencias de calidad y entrega justo a tiempo por una suma de dinero determinada. Este proceso de subcontratación, junto con la fragmentación de la cadena productiva, es una de las tendencias que afecta negativamente la calidad de los empleos.

Los problemas enfrentados por el sindicalismo en la región, en el contexto del proceso de globalización(4) se agudizan en la industria maquiladora debido a varios factores. Entre ellos el carácter inestable y reciente de la propia actividad y su naturaleza transnacional, que se traduce en la presencia de actores dentro y fuera de las fronteras centroamericanas (tales como trabajadores, trabajadoras y organizaciones de consumidores de los países del Norte)(5)

La presencia masiva de mujeres jóvenes implica una población a la que los actores laborales tradicionales no están acostumbrados. Las dificultades que estas trabajadoras tienen para participar activamente en la vida sindical no vienen solamente de la actitud antisindical de los empresarios maquileros, ni de las condicionantes que como mujeres sufren (doble jornada, sumisión a la jerarquía del compañero, discriminación, etc.), que efectivamente son una barrera a cualquier intento de organización. Cuentan, además, con limitaciones para lograr identificación con el puesto de trabajo y con su condición de trabajadoras. Las jornadas de trabajo excesivamente largas, la alta rotación laboral y la falta de experiencias organizativas previas, complica el panorama para la formación de una identidad obrera, en estas trabajadoras.

Algunos estudios realizados en el área centroamericana muestran que las trabajadoras de las maquilas (especialmente las más jóvenes) valoran la oportunidad de inserción laboral que les brinda la maquila (que les permite experimentar una situación de emancipación y de liberación contra la sujeción a las autoridades patriarcales)). El poder adquisitivo que les dan los sueldos que reciben les permite cierto nivel de independencia respecto a los padres o compañeros de vida. En los estudios exploratorios que se han realizado en centroamérica sobre la autopercepción de las trabajadoras de la maquila se evidencia que el “ser operarias de una fábrica” es valorado como una situación de trabajo mejor que el “ser empleada doméstica” (Fernández y Quinteros, 1999).

Este nuevo proletariado es mayoritariamente muy joven (tiene entre 18 y 30 años) mayoritariamente femenino, prácticamente no tiene experiencias anteriores en el sector formal de la economía, y si las tiene es en el mismo sector de la industria de la maquila; aproximadamente en un 40% son madres jefes de hogar y su nivel de alfabetismo es similar o incluso mayor que el de los hombres del mismo sector.

Según información preliminar de la OIT para 1999, en la región centroamericana existe un total de 881 empresas maquiladoras, de las cuales, solamente 57 tienen presencia sindical (incluyendo aquí a algunos sindicatos que se encuentran en acefalía); 28 de esos sindicatos se ubican en Honduras, 10 en Nicaragua, 4 en El Salvador, 15 en Costa Rica (aunque todos en acefalía) mientras que en Guatemala no se encuentra ni un solo sindicato. El sindicalismo en la maquila de Centroamérica (exceptuando a Honduras) no logra reunir ni siquiera al 0.5% de la población trabajadora de estas fábricas (Cordero, 1999). Si se resta los sindicatos que se encuentra acéfalos y que, por tanto, no operan en las empresas, la suma se reduce a 42 sindicatos activos en las 881 empresas existentes.

En materia de contratación colectiva, la situación es aún más preocupante, ya que, con excepción de Honduras, no existen actualmente contratos vigentes en las maquiladoras en ningún país centroamericano. Según las organizaciones sindicales, la violación al derecho de libertad de organización sindical es una de las más graves cometidas dentro de las maquiladoras. Es común la práctica de despidos al menor indicio de organización sindical y las empresas realizan acciones para impedir y/o dificultar la organización sindical. Los dirigentes mencionan, además, la existencia de “listas negras”, compuestas por aquellas personas que fueron despedidas por razones sindicales y que circulan entre los empresarios maquiladores, para evitar su contrataciones en otras empresas. Los problemas para la organización sindical provienen también de la falta de una fiscalización rigurosa por parte de los Ministerios de Trabajo, así como la localización geográfica dispersa de las maquilas.

La magnitud de los problemas laborales de la maquila, las dificultades de los sindicatos para darles respuesta y la presencia masiva de mujeres en este tipo de fábricas, han motivado a que diversas organizaciones, tales como las de mujeres, pro derechos humanos y religiosas que tradicionalmente no se habían ocupado de asuntos laborales, se hayan volcado a esta área. Este fenómeno responde, además, al incremento de la primacía que éstas han alcanzado en los últimos años.

  

ACCIONES REIVINDICATIVAS REALIZADAS EN LA MAQUILA CENTROAMERICANA

  • Acción sindical tradicional: acciones dirigidas a la empresa maquiladora y al Estado a través de los Ministerios de Trabajo, o bien de paros y huelgas. Los actores fundamentales son los sindicatos.
  • Campañas corporativas: estrategias emprendidas para presionar a una transnacional para que ésta se responsabilice por el trato recibido por la gente que elabora sus productos, directamente o através de las cadenas se subcontratación. Pueden ser realizada por sindicatos y/o organizaciones locales, pero el sello distintivo es que involucra actores de fuera de las fronteras de los países maquiladores (sindicatos y/o organizaciones solidarias y de activistas de los países del Norte (especialmente de los EUA).
  • Monitoreos: verificación del cumplimiento de la aplicación de instrumentos jurídicos (Leyes, Tratados, Códigos de Conducta empresariales) en materia de derechos laborales. Pueden ser realizados internamente por cada compañía, externamente por organizaciones directamente contratadas por la transnacional o de forma independiente, por ONGs y organizaciones de la sociedad civil del país maquilador, en una fábrica determinada.
  • Certificaciones y auditorías sociales: monitoreos puntuales que dan como resultado una certificación de “no sweat” (sin explotación). La certificación más conocida es la Norma SA8000, que consiste en un estándar de evaluación de las condiciones y el respeto a los derechos laborales de las fábricas. Dicha certificación es otorgada por organizaciones certificadoras acreditadas ante las organizaciones que manejan la SA8000 (tales como el Consejo de Prioridades Económicas, de los EUA, con experiencia en normas tales como la ISO 9000 e ISO 14000). A diferencia de los monitoreos anteriores, este trabajo es realizado con fines de lucro y las organizaciones certificadoras (al menos las existentes en Centro America) tienden a ser privadas. El caso de las auditorías sociales es similar al anterior, en tanto que quienes lo realizan son generalmente empresas privada de auditoría (tales como la Price Waterhouse Coopers); sin embargo, en este caso, no se extiende una certificación: se redactan informes privados a las transnacionales que han contratado los servicios de la auditora.

Todas estas acciones han sido desarrolladas en Centroamérica, desde 1994 a la fecha. Los resultados han sido diferentes en cuanto a los beneficios que han tenido los y las trabajadoras, así como respecto a las consecuencias para el movimiento laboral y las relaciones establecidas entre los diferentes actores involucrados. También existen acciones realizadas por organizaciones sindicales locales en coordinación con organizaciones de los países del Norte, que pueden ser, a su vez, sindicales y no sindicales.

(1) Para una síntesis de las principales tendencias de evolución del sector industrial en América Latina, véase CEPAL, 1997.

(2) En Colombia el diferencial era de 1,6 puntos porcentuales en 1980 e se redujo a 0,5 en 1994; en Brasil se redujo de 9,2 puntos a 8,2; en Bolivia, en un período mucho más reducido de tiempo (5 años) se redujo de 5,9 a 5,2 puntos, en un contexto de expansión del empleo industrial (CEPAL 1997).

(3) El análisis presentado en esa sección se basa fundamentalmente en Fernández y Quinteros (1999) y Cordero (1999).

(4)Véase, al respecto el capítulo III de este documento.

(5) Diversas organizaciones laborales, sindicales y grupos de activistas de los EUA han emprendido campañas para llamar la atención de la opinión pública estadunidense para los problemas existentes en las maquilas relativos a la calidad de los empleos y a la falta de observancia de los derechos laborales.

 

FUENTE: OIT